martes, 29 de julio de 2014

Actualización. LIBERTAD INMEDIATA A LOS DETENIDOS DE LEAR.



Actualización. 

LIBERTAD INMEDIATA A LOS DETENIDOS DE LEAR.


(WA) Los diputados del FIT denuncian que niegan el acceso a los abogados para tomar contacto con los detenidos y poder constatar su situación, luego de la feroz represión en Lear.



Se encuentran en la Fiscalía general del Talar, del departamento de San Isidro, donde se encuentra el fiscal Molina Pico, quien debe decidir sobre la situación de los detenidos.

Confirmaron que hay 19 heridos.



https://www.facebook.com/rodolfo.j.walsh

URGENTE- SOLIDARIDAD YA CON LOS DETENIDOS DE LEAR

URGENTE- SOLIDARIDAD YA CON LOS DETENIDOS DE LEAR

Comunicado del CeProDH

En este "operativo conjunto" fueron detenidos el delegado Silvio Fanti, Alfredo Wiedemann, trabajador despedido y un miembro de organizaciones solidarias

Los compañeros se encuentran a disposición del fiscal Molina Pico, fiscalía que se niega a dar información sobre los detenidos

Solicitamos a todas las organizaciones sociales y de derechos humanos a expresar su repudio a este accionar represivo y a comunicarse con la fiscalía (011 4726 3966) para reclamar por los compañeros


Contactos:

Rubén Matu, delegado: (011) 15-5141-1868
María Victoria Moyano, CeProDH: (011) 15 6790-4333
Edgardo Moyano, abogado CeProDH: (011) 15 5012-2422


https://www.facebook.com/rodolfo.j.walsh



LA IMPUNIDAD ISRAELÍ Por Robert Fisk *


EL MUNDO › OPINION

La impunidad israelí





 Por Robert Fisk *




Impunidad es la palabra que viene a la mente. Más de mil palestinos muertos. Infinitamente más que dos veces el total de víctimas mortales en el vuelo MH17 en Ucrania. Y si nos referimos sólo a los muertos inocentes –es decir, no combatientes de Hamas ni jóvenes simpatizantes, ni funcionarios corruptos de ese partido, con quienes a su debido tiempo los israelíes tendrán que hablar–, entonces las mujeres, niños y ancianos que han sido masacrados en Gaza están muy arriba del total de víctimas en ese vuelo.

Y hay algo muy extraño en nuestras reacciones ante esas escandalosas cifras de muertos. Llamamos a cesar el fuego en Gaza, pero los dejamos enterrar a sus muertos en los muladares abrasados por el sol y ni siquiera podemos abrir una ruta humanitaria para los heridos. Para los pasajeros del MH17 exigimos –de inmediato– una sepultura apropiada y atención a los deudos. Maldecimos a quienes dejaron los cuerpos regados en los campos del este de Ucrania, en tanto el mismo número de cuerpos han quedado esparcidos –quizá por menos tiempo, pero bajo un sol igual de quemante– en Gaza.

Porque –y esto me ha fastidiado durante años– los palestinos no nos importan mucho, ¿verdad? Tampoco nos importa la culpabilidad israelí, que es mucho mayor por el gran número de civiles que el ejército israelí ha asesinado. Ni tampoco, para el caso, la capacidad de Hamas. Desde luego, ni Dios quiera que las cifras fueran al revés. Si hubieran muerto mil israelíes y sólo 35 palestinos, creo que sé cuál sería nuestra reacción.

La llamaríamos –con justa razón– una masacre, una atrocidad, un crimen cuyos perpetradores deberían ser llamados a rendir cuentas. Sí, también hay que hacer responsable a Hamas.

Pero, ¿por qué los únicos criminales a los que perseguimos son los hombres que lanzaron un misil, quizá dos, a un avión de línea que volaba sobre Ucrania? Si los muertos en Israel igualaran en número a los palestinos –y déjenme repetirlo, gracias al cielo no es así–, sospecho que los estadounidenses estarían ofreciendo todo el apoyo militar a un Israel amenazado por los terroristas apoyados por Irán. Estaríamos exigiendo que Hamas entregara a los monstruos que dispararon cohetes hacia Israel y que, digámoslo de paso, están tratando de impactar con sus disparos a los aviones en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv. Pero no estamos haciendo eso. Porque los que han muertos son en su mayoría palestinos.

Más preguntas. ¿Cuál es el límite de muertes palestinas antes de que decretemos un cese el fuego? ¿Ocho mil? ¿Podríamos llevar un marcador? ¿El tipo de cambio de muertes? O tendremos simplemente que esperar hasta que la sangre nos llegue al cuello y entonces decir que ya basta, que hasta para la guerra de Israel ya estuvo bien.

No es que no hayamos pasado por todo esto antes. Desde la masacre de aldeanos árabes por el nuevo ejército israelí en 1948, como la han registrado historiadores israelíes, hasta la matanza de Sabra y Chatila, cuando aliados libaneses de Israel asesinaron a 1700 personas en 1982 mientras soldados israelíes los contemplaban; desde la masacre de Qana de árabes libaneses en la base de la ONU –sí, de nuevo la ONU– en 1996 hasta otra terrible matanza, más pequeña, de nuevo en Qana diez años después. Y de allí al asesinato en masa de civiles en la guerra de Gaza en 2008/9. Y hubo investigaciones después de Sabra y Chatila, como las hubo después de Qana y de Gaza en 2008/9, y no recordamos qué peso se le dio, algo ligero, por supuesto, cuando el juez Goldstone hizo cuanto pudo por desacreditarla, luego de que, según mis amigos israelíes, se vio sometido a intensa presión.

En otras palabras, ya hemos estado allí. Esa afirmación de que sólo los terroristas tienen la culpa por aquellos a quienes Hamas da muerte y por los que Israel mata (terroristas de Hamas, claro). Y la afirmación constante, repetida una y otra vez, de que Israel tiene las normas más altas de cualquier ejército en el mundo y jamás lastimaría a civiles. Recuerdo aquí los 17.500 muertos de la invasión de Israel en 1982 a Líbano, la mayoría de los cuales eran civiles. ¿Hemos olvidado todo eso?

Y aparte de impunidad, otra palabra que viene a la mente es estupidez. Me olvidaré aquí de los árabes corruptos y los asesinos del EI y todos los asesinos en masa de Irak y Siria. Tal vez su indiferencia hacia Palestina es de esperarse. Ellos no dicen representar nuestros valores. Pero, ¿qué pensar de John Kerry, el secretario de Estado de Barack Obama, quien nos dijo la semana pasada que es necesario atender los temas subyacentes del conflicto palestinoisraelí? ¿Qué diablos estuvo haciendo todo el año pasado, cuando afirmó que iba a lograr la paz en Medio Oriente en doce meses? ¿No se da cuenta de por qué los palestinos están en Gaza?

La verdad es que muchos cientos de miles de personas en el mundo –quisiera poder decir millones– quieren poner fin a esta impunidad, poner fin a frases como bajas desproporcionadas. ¿Desproporcionadas con respecto a qué? Valerosos israelíes sienten lo mismo. Escriben al respecto. Larga vida a Haaretz, el periódico israelí. Entre tanto, los árabes, el mundo musulmán, se vuelve loco de ira. Y pagaremos el precio.



* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/





lunes, 28 de julio de 2014

A PROPÓSITO DE GAZA, por Eric Hobsbawm


A propósito de Gaza, por Eric Hobsbawm



· 3 DÍAS ATRÁS 12:07
CONFLICTO EN GAZA, DERECHOS HUMANOS, MUNDO


El historiador marxista Eric Hobsbawn publicó este artículo sobre el conflicto entre Israel y Gaza en el año 2009.
A 5 años de su publicación y a dos años de la muerte de su autor, las palabras del británico de origen judío siguen más vigentes que nunca ante la nueva ofensiva israelí, que ha dejado ya más de 800 muertos y 5.000 heridos.


Durante tres semanas la barbarie ha sido mostrada ante un público universal, que ha observado, juzgado y, con pocas excepciones, rechazado el uso del terror militar por parte Israel contra un millón y medio de habitantes bloqueados desde 2006 en la Franja de Gaza. Nunca antes las justificaciones oficiales de la invasión han quedado tan claramente refutadas como ahora, con la combinación de cámaras y aritmética; ni el lenguaje de las “objetivos militares” con las imágenes ensangrentadas de niños y la quema de escuelas. Trece muertos de un lado, 1.360 de otro: no es difícil establecer dónde está la víctima. No hay mucho más que decir acerca de la terrible operación de Israel en Gaza.

Excepto para aquellos de nosotros que somos judíos. En una larga e insegura historia como pueblo en la diáspora, nuestra reacción natural a los actos públicos ha incluido inevitablemente la pregunta: “¿Es bueno o malo para los judíos?” En este caso, la respuesta es inequívoca: “Malo para los judíos”.

Es claramente malo para los cinco millones y medio de judíos que viven en Israel y los territorios ocupados desde 1967, cuya seguridad se ve amenazada por las acciones militares israelíes que sus gobiernos adopten en Gaza y en Líbano, acciones que demuestran su incapacidad para lograr sus objetivos declarados y que perpetuan e intensifican el aislamiento de Israel en un Oriente Medio hostil. Desde el genocidio o la expulsión masiva de palestinos de lo que queda de su tierra natal no ha habido otro programa práctico que la destrucción del Estado de Israel, y sólo una coexistencia negociada en igualdad de condiciones entre los dos grupos puede proporcionar un futuro estable. Cada nueva aventura militar, como las de Gaza y el Líbano, hará que esa solución más difícil y fortalecerá al ala derecha israelí y a los colonos de Cisjordania, que encabezan el rechazo a la solución negociada.

Al igual que la guerra del Líbano en 2006, Gaza ha oscurecido las perspectivas de futuro para Israel. También ha oscurecido las perspectivas de los nueve millones de judíos que viven en la diáspora. Permítanme que no me ande con rodeos: la crítica de Israel no implica antisemitismo, pero las acciones del gobierno de Israel causan vergüenza entre los judíos y, sobre todo, dan pie al acutal antisemitismo. Desde 1945, los judíos, dentro y fuera de Israel, se han beneficiado enormemente de la mala conciencia de un mundo occidental, que se había negado a la inmigración judía en la década de 1930, unos años antes de que se permitiera o no se opusiera al genocidio. ¿Cuánta de esa mala conciencia, que prácticamente eliminó el antisemitismo en Occidente durante sesenta años y produjo una época dorada para su diáspora, queda en la izquierda hoy?

La acción de Israel en Gaza no es la de un pueblo que es una víctima de la historia, ni siquiera es el “pequeño valiente” Israel de la mitología de 1948-67, con un David derrotando a todos los Goliaths de su entorno. Israel está perdiendo la buena voluntad tan rápidamente como los EE.UU. de George W. Bush, y por razones similares: la ceguera nacionalista y la megalomanía del poder militar. Lo que es bueno para Israel y lo que es bueno para los judíos como pueblo son cosas que están evidentemente vinculadas, pero mientras no haya una respuesta a la cuestión de Palestina no son y no pueden ser idénticas. Y es esencial para judíos que se diga.”

Eric Hobsbwan




El Ciudadano


Fuente: http://www.elciudadano.cl/




domingo, 27 de julio de 2014

COMPAÑERA DELIA GARCILAZO: ¡PRESENTE! por CORREPI


“Él decía que estar preso no le había quitado la libertad, porque era libre en su interior. Yo le prometí que iba a luchar contra sus asesinos hasta el último de mis días”.

Delia Garcilazo.-

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Buenos Aires, 26 de Julio de 2014

DESPEDIDA MILITANTE Y EMOTIVA EN VILLEGAS

Compañera Delia Garcilazo: ¡Presente!


El 23 de julio a la noche, los canales de comunicación interna de CORREPI se saturaron con una frase: Se nos murió Delia. Así de brutal y corto, el mensaje lo decía todo. El corazón de Delia Garcilazo, la referente emblemática de la organización y lucha de los familiares de víctimas de la represión, había dejado de latir. Así de brutal y corto. Nos quedamos sin Delia, la compañera que por más de 20 años encabezó, apoyada en sus muletas, todas nuestras movilizaciones.

Por CORREPI


He vivido por la alegría. Por la alegría he ido al combate y por la alegría muero. Que la tristeza no sea nunca unida a mi nombre. 

Julius Fucik.




La historia común de Delia y CORREPI empezó el 21 de noviembre de 1992, cuando el cuerpo de requisa de la cárcel de Caseros apaleó dos presos que se habían demorado mateando unos minutos de más en el recreo. La sesión de tormentos para que “aprendieran quién manda”, como les gritaban entre bastonazos y patadas, provocó varias fracturas en el cráneo de uno de ellos. Era Rodolfo “Fito” Ríos, 23 años, hijo de Delia.

Por tres días, Fito agonizó en un hospital, mientras Delia recorría despachos y oficinas para que la autorizaran a verlo. Ninguno de los funcionarios penitenciarios y judiciales que la pelotearon de un lado a otro pudo imaginar lo que estaba naciendo en esas horas de desesperación y dolor. Fito murió sin que Delia pudiera despedirse. Cuando finalmente la dejaron ver el cadáver, le hizo una promesa, que cada tanto recordaba en sus intervenciones públicas: “Él decía que estar preso no le había quitado la libertad, porque era libre en su interior. Yo le prometí que iba a luchar contra sus asesinos hasta el último de mis días”.

Delia cumplió esa promesa. Siguió golpeando puertas, ahora de los organismos de derechos humanos y otras organizaciones, convencida de que su pelea no era individual. Ninguna puerta se abrió. Algunos lo disimularon, otros se lo dijeron sin sutilezas: el muerto era un preso, ¿qué pretendía?.

Sólo la Liga Argentina por los Derechos del Hombre la escuchó, y le aportó un abogado para acusar a los penitenciarios. El único imputado en la causa penal era el otro preso apaleado, que sobrevivió. Pero Delia quería más que una pelea judicial. Por eso, cuando supo de un grupo que se venía organizando contra la represión estatal, Delia llegó a CORREPI, con la foto de Fito y su historia bajo el brazo. En el Primer Encuentro Antirrepresivo Nacional, en marzo de 1995, tuvo su primera intervención pública, y habló de la necesidad de organizarse contra la represión en todas sus formas, tanto para denunciar el gatillo fácil y la tortura como para defender los presos políticos.

Desde entonces, la voz de Delia identificó a CORREPI. Cada vez que tomaba un micrófono o un megáfono daba una lección de dignidad y conciencia proletaria. El amor a su hijo era tan grande como su odio a los represores, y nos enseñó que ese odio de clase, el que nace de la conciencia, es la brújula que permite distinguir al amigo del enemigo.

Nilda Garré, viceministra del Interior en el gobierno de la Alianza; Patricia Bullrich, directora del Servicio Penitenciario Federal en la misma época, el juez de la Corte Eugenio Raúl Zaffaroni y Hebe Pastor de Bonafini seguramente recuerdan el filo de la lengua de la compañera, que a todos les cantó unas cuantas verdades en la cara. Ninguno pudo retrucarla.

Fustigaba a los conciliadores con más dureza que a los represores mismos. Para ella, no había grises. Con los opresores, o con los oprimidos. Con los asesinos y sus patrones, o con los represaliados. Ni olvido ni perdón, lucha y organización.

Así vivió Delia sus dos décadas de militancia. Ni su discapacidad física (sufrió la amputación de una pierna de muy joven) ni las condiciones materiales que la rodeaban la limitaron jamás. Si había que viajar a Corrientes a apoyar la Plaza del Aguante o salía una charla en una universidad de Comodoro Rivadavia, ahí estaba Delia en el micro, con el cuadernito donde hacía sus apuntes, y el tejido para cuando se cansaba de escribir. Ninguna actividad era muy lejos ni demasiado pesada. Y nunca paraba de pensar en qué más podíamos hacer.

Aunque la militancia de Delia nació del dolor, supo convertirlo en energía para la lucha. La tristeza nunca estuvo unida a su nombre. Puños en alto, corazones encendidos y un grito eterno: ¡Compañera Delia, presente, ahora y siempre!


Fuente: Anred



Agencia Para La Libertad, periodismo de intervención social
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