lunes, 2 de marzo de 2015

EL ÁNGEL DE LA BICICLETA: CONDENA FIRME PARA LOS ENCUBRIDORES DEL CRIMEN




El Ángel de la Bicicleta: condena firme para los encubridores del crimen


Cosecha Roja.-


La Justicia confirmó la condena a cuatro de los policías santafesinos que encubrieron el asesinato del Ángel de la Bicicleta. A Claudio “Pocho” Lepratti lo mató el subjefe de la Comisaría 20 el 19 de diciembre de 2001, en medio del estallido social del país. Le dio un balazo en la tráquea y los otros agentes se ocuparon de encubrirlo: fraguaron las actas y dijeron que hubo un enfrentamiento. Pero el militante social estaba en el techo de una escuela y lo único que alcanzó a gritar fue: “no tiren, acá solo hay pibes comiendo”. Rosario se llenó de pintadas que decían “Pocho vive” y cada 27 de febrero -el día de su cumpleaños- se hace un carnaval en su memoria. Hoy, en plena catorceava edición, la familia se enteró de la decisión judicial.

La hermana de Pocho, Celeste, contó a Cosecha Roja que el fallo la tomó por sorpresa, que pensaba que había pocas posibilidades de que sucediera y que seguirán pidiendo justicia: “Esos cuatro policías no son los únicos que encubrieron. También debe dar explicaciones el entonces titular de la División Judiciales -José Manuel Maldonado-”, dijo.

Los cuatro policías condenados -Roberto De la Torre, Rubén Darío Pérez, Marcelo Fabián Arrúa y Carlos Alberto De Souza- fueron quienes insertaron datos falsos en el libro de guardia de la seccional, fraguaron la declaración de una testigo en la sede policial, adulteraron el acta de la inspección ocular de la escena del crimen y el móvil policial que entregaron como prueba ante la justicia. “Lo presentaron con balazos, pero una de las pericias demostró que la trayectoria de los disparos hubiese sido muy diferente si alguien hubiese disparado desde el techo”, dijo Celeste.

***

Claudio era un militante social de 35 años. Nació en Concepción del Uruguay, tenía 5 hermanos y era hijo de campesinos. Fue seminarista en el Instituto Salesiano “Ceferino Namuncurá” e hizo laburo de hormiga: iba casa por casa a buscar a los pibes del barrio. El 19 de diciembre estaba cocinando en la escuela Escuela 756 de Las Flores, uno de los barrios más humildes de Rosario. Pasadas las seis de la tarde tres compañeros subieron al techo a buscarlo. Había ido a ver qué pasaba: el país estallaba y Rosario también. Esa tarde el entonces Presidente Fernando de La Rúa declaró el estado de sitio. Las calles estaban cortadas, se escuchaban disparos y el olor a gases lacrimógenos lo invadía todo. Cuando Pocho subió al techo de zinc vio llegar un patrullero Corsa blanco a contramano. Ahí empezaron los gritos:

- ¡Dejen de tirar manga de hijos de puta! ¡Acá hay chicos comiendo!

Los tres oficiales se detuvieron. Esteban Velázquez bajó y disparó con una Itaka. Una testigo contó que desde la escuela llamaron a una ambulancia pero que como no llegaba, lo subieron a un auto y sacaron el guardapolvos por la ventana en señal de urgencia. Fueron a la comisaría a pedir que les abrieran paso pero lo encontraron al propio Velázquez. Una de las jóvenes que lo acompañaba le gritó y el hombre le respondió: “Y, nena, ¿para qué me puteó?”. También dijo que él no le había disparado y que Pocho se había lastimado con un vidrio. Esa fue la primera de las versiones policiales que, tiempo después, se demostró que era falsa.

Pocho no fue el único muerto de la provincia: otras seis personas fueron asesinadas por la policía de Santa Fe durante las revuelta de diciembre. A Velázquez -subjefe de la Comisaría 20-, el juez Ernesto Genesio lo condenó a 14 años de prisión en 2009. Durante la investigación del juicio se supo que había existido encubrimiento y se abrió otra causa en la que un tribunal condenó a los policías imputados. Los oficiales apelaron y en abril de 2011 fueron absueltos. La Fiscalía de Cámara denunció la inconstitucionalidad y la Corte Suprema provincial revocó la absolución. La causa pasó a la Sala Tercera de la Cámara de Apelación en lo Penal que, hace dos semanas, confirmó la condena y dijo que desde el techo no hubo disparos.

“Las circunstancias que vivía el país, en modo alguno pueden servir de justificativo para los hechos donde a personas a las que el Estado les ha confiado la seguridad de los ciudadanos, haya atacado e inclusive, probablemente con cartucho a ciudadanos que nada hacían, sin más razón que eventualmente un insulto que acompañaba el pedido que no dispararan”, escribieron los jueces en el fallo.

Las cientos de pintadas en las calles de Rosario y la canción de León Gieco lo inmortalizaron.

“Sacamos cuerpo, pusimos alas 
y ahora vemos una bicicleta alada que viaja 
por las esquinas del barrio, por calles 
por las paredes de baños y cárceles 
¡Bajen las armas 
que aquí solo hay pibes comiendo!

Cambiamos fe por lágrimas 
con qué libro se educó esta bestia 
con saña y sin alma 
Dejamos ir a un ángel 
y nos queda esta mierda 
que nos mata sin importarle 
de dónde venimos, qué hacemos, qué pensamos 
si somos obreros, curas o médicos 
¡Bajen las armas 
que aquí solo hay pibes comiendo!”




http://cosecharoja.org/




VER POCO, SENTIR MUCHO Por Marta Dillon



Imagen: Pablo Piovano

EL PAIS › OPINION

Ver poco, sentir mucho




Sentado entre mi compañera y yo en un vagón de subterráneo, nuestro hijo Furio agitaba el pañuelo blanco que llevó como bandera. No podía sacarle los ojos de encima, es un tesoro que me dio una Madre de Plaza de Mayo cuando la agrupación H.I.J.O.S. cumplió quince años y no quería perderlo, pero tampoco podía negárselo; para él, que tiene seis, es el único trapo que tiene sentido. “¿Mami, hay gente que odia al pueblo argentino?”, nos había preguntado dos días atrás cuando comentábamos en la mesa del desayuno una nota publicada por Marcos Aguinis en el diario La Nación que nos trataba, a nosotros que no fuimos parte de la Marcha del Silencio, como ganado, como el porcentaje menos valioso de la sociedad. Tuvimos que contestar que sí entonces y ayer, mientras el subte de la línea D avanzaba morosamente desde el límite de Belgrano hacia el centro, lo recordé: unos ojos se nos clavaban como dardos, hurgaban sin pudor en nuestro pequeño universo expuesto en el vagón; esa mirada pretendía incomodarnos. No iba a ser tan fácil conseguirlo, aunque cierto silencio recoleto en esa línea parecía hablar de las fronteras internas de la ciudad. La mamá de una compañera de escuela de Furio viajaba en simultáneo en el subte B, ahí, nos contaba, la gente iba cantando. Sin embargo, cuando llegamos a la estación Callao algo se descomprimió. “¡Chicas! Qué suerte que bajaron, pensamos que se iban a pasar”, nos dijo una pareja que rondaba los 60 a modo de guiño, como si de alguna manera nos estuvieran cuidando. Recién ahí pudimos darnos cuenta de que éramos muchos y muchas buscando la salida, ampliando las sonrisas a medida que el sonido de la calle llegaba al túnel, alardeando de cortesía las unas con los otros, sabiendo que íbamos hacia el mismo lugar. Furio se puso el pañuelo blanco al cuello, nosotras, sus madres, nos atamos uno verde; si ayer pusimos el cuerpo, como cada vez que la Avenida de Mayo nos llama, es por lo conseguido y también por lo que falta. El aborto legal, seguro y gratuito nos falta y el verde es el color que lo denuncia; acompañando y demandando, así marchamos. Recibimos más guiños en las cuadras que caminamos por Callao hacia Congreso, unas mujeres nos dijeron casi a los gritos: “Pucha, yo también hubiera traído mi pañuelo”, en cada tropiezo aparecía la palabra “compañero” o “compañera” aun cuando nadie se conocía, una inmensa corriente de complicidad y alegría compartida nos empujaba a correr hacia delante hasta que la marea humana nos obligó a cargar en andas a nuestro hijo para que él se encontrara a esa altura sobre los hombros con otros niños, para que relatara desde encima de nuestras cabezas lo que veía. “¿Todos vienen a apoyar a Cristina y a San Martín?”, preguntó desde su imaginario construido con dibujitos de la tele que hablan de héroes reales y charlas en la mesa familiar que no logran explicarlo todo. Y no importa porque hay tiempo, él tiene tiempo para aprender a nuestro lado y hay algo de certeza en esa afirmación que hoy nos conmueve. Su madre y yo, su madre, fuimos niñas que crecimos en la clandestinidad, amenazadas las vidas y los sueños de nuestros padres y madres; eso ya no más, podemos reírnos de los vaticinios de los que nos temen, de los autogolpes, de las comparaciones con los tiempos de la dictadura, de las barbaridades que deberían coserse la boca antes de enunciar. Pero qué importa, que vociferen mientras caminamos juntos y juntas como ayer, sumando nuestros cuerpos en un magma de humanidad y su aroma de sudor, humedad y choripán. Nos encontramos con quienes no habíamos hecho cita, las citas se desbarataron en la multitud. Se hizo sitio para los más chicos entre la masa de gente, protegidos como lo que son, tesoros, la vida por venir. Marchamos en familia, del brazo con amigas, fluía el contacto con quienes tenía alrededor; cuando los brazos no me daban más, una travesti de remera negra me ayudó para sentar a mi hijo dentro de una carpa militante, escuché en las conversaciones captadas al azar el orgullo por la cantidad de gente joven, diversa, emocionada.

Después de la primera hora de discurso, nos fuimos a un bar con nuestra radio portátil, nos sentamos en una mesa que se volvió comunitaria a fuerza de agregar sillas entre desconocidos honrando la palabra que llegaba por el pequeño y anacrónico parlante. Si somos ganado, pensé –como decía aquella nota—, qué bien sabemos a dónde vamos y cuánto valor tenía poder escuchar el recorrido de más de una década cuyo balance no puede ser lineal pero que abre un horizonte de lo que queremos ser, porque ninguna de las personas que nos reunimos ayer en el centro político de Buenos Aires era la misma que había sido cuando la consigna era “que se vayan todos”. Los aplausos sonaron a tiempo a lo largo del discurso, en el bar donde estábamos empezaron a llegar otras pequeñas radios, todas se encendían y hacían perder el sincro del discurso, pero podía más la sed de palabra. Enfrente, en otro bar, el silencio era un acuerdo entre las mesas atestadas para que se escuchara sólo lo que nos convocaba a todos y a todas. “Nos sobró esta ensalada, ¿quieren?”, preguntaron unas mujeres a nuestro lado porque los mozos no daban abasto y los pedidos se demoraban. Tomamos el ofrecimiento como un signo, compartimos la comida; con la mención de los caídos en Malvinas también compartimos el agua de los ojos y cuando se habló de la causa AMIA los golpes de las manos en las mesas en señal de aprobación dieron cuenta de una politización, de una conciencia compartida, de un oído atento que expresaba por sí el límite por el que ya no se podrá pasar. Ahí había gente capaz de enunciar lo que quiere, discutir lo que falta, reclamar por lo que no se quiere.

Terminado el discurso corrimos hacia Callao otra vez con nuestro hijo en andas, con las monedas de sus ahorros se compró una bandera argentina, nos apostamos para esperar que pasara la Presidenta sin ninguna expectativa, bailando al compás de los bombos, besándonos nosotras en la boca cada tanto de alegría contagiada por el alrededor y también porque nuestro hijo estaba aprendiendo eso que se fija con la experiencia: éramos con otros y el plural nos envolvía, éramos pueblo. Cristina Fernández de Kirchner casi tocó la bandera de Furio, alrededor los cantos nos dejaban los oídos sordos, cantamos otra vez y en una esquina, mojados de lluvia, nos encontramos con antiguos compañeros de militancia de los padres de Albertina y nos abrazamos otra vez. “La Presidenta a veces se viste linda y a veces no, pero los ojos siempre los tiene hermosos, parece que va a llorar”, dijo nuestro hijo a modo de balance del encuentro y nos hizo reír. El viaje de vuelta no fue en silencio, el subte estuvo cargado de cantos y vaya a saber por qué emociones cruzadas nos saltaron de nuevo algunas lágrimas.

Ayer no me ocupé de recorrer cuadras en diagonal cazando escenas que me sirvieran para describir el acontecimiento, no hice preguntas pidiendo edad y ocupación para definir al interlocutor ni calculé cuánta gente hubo poniendo el cuerpo el domingo a la mañana; no estaba trabajando y fue un alivio poder dejar de registrar para sentir, sencillamente, que es posible ser parte de una alegría popular que pone un piso para lo que vendrá. Y que ese piso es alto y está cargado de futuro.




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sábado, 28 de febrero de 2015

JULIO STRASSERA: LA ARBITRARIA CUENTA DEL ADIÓS... Homenaje a un gran hombre







Bajaba por la calle Arenales en una tarde calurosa y desde unos pocos metros vi su figura distinguida, su saco al aire libre, despeinado por ese mismo viento que agitaba toda aquella siesta de marzo. Me le acerqué de apoco y lo salude, casi atrevidamente (en realidad, atrevidamente), me fui metiendo en no sé qué tema de actualidad que me contrariaba, y él, con una cortesía que me dejó pasmado, detuvo su paso, sin más vueltas, en palabras sencillas, me explicó con seriedad y mucha amabilidad sus puntos de vistas respecto del asunto en cuestión. 

El tiempo, franqueado por su estampa sobria y acerada, se congelo, la ancha vereda de baldosas flojas en declive fueron mis inservibles, únicas testigos; él agitaba sus manos en ademanes rigurosos, gesticulaba con sus ojos y su boca, como si hubiese estado esperando siempre mi pregunta...(sé que solo es mi ilusión), sé que aquel prestidigitador que llaman destino, ese día, trazó con ágiles manos, aquel bosquejo lúdico en donde la intersección de la vida hizo todo lo demás. Ya lo sé...

No lo podía creer!! A mi!! Un desconocido, en un encuentro casual, en plena calle, y sin embargo, como si fuera un amigo, me hizo sentir cercano, prójimo, me trasmitió aquel valor de un derecho casi olvidado, que pocas veces viví tan íntimamente: ser ciudadano… Se despidió dándome la mano y lo observé caminar despaciosamente, como un portentoso paso de la historia que me estremecía; ahí, realmente, lo supe ver más aún como lo que era, como un asequible titan, cargando con toda la dignidad, con todo el valor, con toda la sabiduría que proyectaba irremediablemente. Lo pude saber entero e integro, como cuando allende aquellos años recientes, donde clavó en la conciencia colectiva ese potente imperativo, ese alegato categórico contra la noche de las noches más obscuras, contra la más cruenta e infernal impunidad: el Nunca más de los Nunca más!!

Don Julio Strassera se me iba de la vista, quién sabe por qué me tocó en suerte hallarlo aquella vez... Me quedé un rato absorto casi escudriñando su silueta larga y sutil. Cabizbajo, como cuando lo advertí al principio, se alejaba aquel gran hombre que supo enfrentar y "exorcizar" a los mismísimos demonios. Un silencio de profetas se instaló en lo profundo de mi cabeza, Strassera, seguía, continuaba el trajín despacioso e indolente de aquel atardecer porteño, huía de mi asombro con la altura de aquellos gigantes que muy de vez en cuando aparecen por estas tierras. Obviamente, no lo volví a ver más, digo así, porque esa confluencia fue un regalo, un instante de instantes para un siempre. Como un dilatado reflejo, hoy, su partida, me lo acerca nuevamente. 

Sentí su muerte como una natural injusticia de la vida que no permite que quienes han encendido el fuego ardiente de la democracia y el coraje, el fuego de la vida misma en medio de tanta muerte planificada, no se vayan.


Claro, sé que sólo se trata de una ficción, una fantasía jugada del engaño entre el tiempo, la muerte y la existencia…


Después de tanto tiempo, siento su voz, veo su rostro, su bigote profuso. Lo veo... Cuesta, cuesta mucho caer en la arbitraria cuenta del adiós.-


aportes en la crisis.-


viernes, 27 de febrero de 2015

YANINA GONZÁLEZ: VIOLENCIA INSTITUCIONAL E IMPUNIDAD EL JUICIO CONTRA ELLA / AUDIO: RADIO LA RETAGUARDIA


"Este caso no es un caso aislado, eso de los miles que puede haber en el conurbano o en las localidades más pobres. Hay muchísimas Yaninas, tanto en el Penal como en las casas, que están sufriendo todo tipo de golpes, torturas y no solamente de sus parejas, sino también de las instituciones, porque cuándo denunciás estos temas, lo hacen reburocrático, te mandan a una comisaría donde te maltratan. Creo que desde la ignorancia que tenía, Yanina nunca se iba a animar a hablar, hasta que le pasó lo que le pasó"


Andrea Vázquez en San Isidro apoyando a Yanina (Foto: Gonzalez Ve



jueves, 26 de febrero de 2015

Continúa el juicio contra Yanina González 


El caso de Yanina González movilizó contra la actuación de la justicia en causas de género.



(Por La Retaguardia) Desde este lunes los tribunales de San Isidro han perdido su normalidad, esa en la que suele definirse, como en cualquier sede judicial, la suerte de las personas. Esta vez la alteración tuvo que ver con la presencia de organizaciones sociales y políticas que acompañaron a Yanina González en el comienzo del juicio donde la joven de 23 años está acusada de abandono de persona en el caso del asesinato de su hija de 2 años, por el que acusan a Alejandro Fernández, ex pareja de Yanina. En una transmisión especial de Radio La Retaguardia, Flor Ríos acercó los testimonios de Carina Leguizamón (Yanina cumple la prisión domiciliaria justamente en su casa) y Andrea Vázquez (la justicia le impide ver a sus hijos cuya tenencia está en poder del padre). La Retaguardia también dialogó con Gabriela Conder, de la Gremial de Abogados, quien defiende a Yanina.

La joven llegó a juicio tras ser acusada de "abandono de persona seguida de muerte" en el caso de su beba, a quien pudo llevar al hospital recién al día siguiente. Yanina tiene un retraso madurativo. Luego de la acusación por el hecho ocurrido el 16 de agosto de 2013, estuvo presa en la cárcel de Los Hornos. Allí fue mamá de Tiziana, a cuyo padre, Alejandro Fernández, acusan por la muerte de la bebé.

Carina Leguizamón, integrante de Vecinos organizados de Moreno ha sido fundamental en la tarea comunicacional de hacer visible el caso de Yanina. En diálogo con La Retaguardia, describió el apoyo que podía verse y escucharse en la afueras del edificio: "nos presentamos temprano en la Fiscalía intentando entrar. Hay una presión popular de afuera para poder presenciar el juicio. Nos habían prometido una sala más amplia, pero no fue así; Yani está en una sala de audiencia en donde pueden entrar, como mucho, diez personas. El tema es muy denso porque se está pidiendo la nulidad del juicio. Estamos denunciando una vez más la violencia institucional, la violencia de la justicia hacia las mujeres más pobres, en este caso, de Yanina. Le violaron los derechos desde muy temprano. No tuvo estimulación, contención del Estado. A los dos años, su madre la deja con su padre totalmente violento. Ella vivió desde muy chiquita la violencia machista y termina con sus parejas el maltrato. El Estado la excluye. Yani tenía que tener una estimulación. Cuando era niña no fue a la escuela, no tuvo la contención de su madre, se crió en un círculo de violencia. Y termina con este femicida, Alejandro Fernández. Esa noche ella no quiso tener relaciones sexuales con él y no le bastó con pegarle a Yani, sino que golpeó a Lulú de una manera brutal hasta la muerte". La referencia de Leguizamón al pedido de nulidad solicitado por la defensora Gabriela Conder, tuvo resolución negativa de parte del tribunal.

En cuanto al retraso madurativo que padece la joven y que es marcado por sus amigas y compañeras como otra de las razones fundamentales por las que debería ser considerada una víctima, Leguizamón sostuvo: "eso es lo que estamos remarcando en cada discusión, en cada volante, ante cada periodista, que Yanina tiene un retraso madurativo, algo que la justicia pasó por alto. Yanina no sabía cómo defenderse. Es una chica muy sumisa, muy tímida, así que la justicia no aceptó que Gabriela Conder, su abogada, presente peritos sicológicos para que comprueben el retraso madurativo. Yanina sobrevivió como pudo, hasta que le pasó esto".





La fatídica noche según Yanina


Cuenta Leguizamón que, sobre lo que ocurrió en la jornada en la que fue asesinada su beba, Lulú, Yanina "se quiebra, nunca termina de contar. Cuenta que ese día ella no quería tener relaciones. El tipo ya la venía violentando. Ella no pudo declarar eso, sino que declaraba que nunca le pegaba, que estaba todo bien. El femicida la vino atormentando psicológicamente toda la noche porque él vio que Lulú estaba muy mal y le estaba enseñando a ella a declarar. Le metió miedo. Todos sabemos cómo actúa el violento, sometiéndolo psicológicamente para que no declare en su contra, que diga que fue el padre biológico de Lulú. Pero él no fue, nunca la veía, nunca se hizo cargo. Yanina lo recuerda con mucho dolor. Lo que más recuerda fue que cuando la nena fallece, queda detenida automáticamente, la llevaron a la Comisaría de la Mujer de Del Viso, hasta que la fiscal Carolina Carballido Calatayud decide llevarla al Penal de Los Hornos. Yanina no pudo despedir a los restos de Lulú. Encima, estaba embarazada de seis meses", cuenta con tristeza. Sus vecinas del barrio registraban las situaciones de violencia de las que Yanina era víctima: "es una chica muy reservada para contar este tipo de cosas. Todos los violentos actúan de esa manera. Yanina participaba como una chica normal. Sí se detectaba la violencia y el abuso de los tipos, pero en ningún momento se atrevió a comprobarlo".

¿Caso aislado o caso testigo? 

"Este caso no es un caso aislado, eso de los miles que puede haber en el conurbano o en las localidades más pobres. Hay muchísimas Yaninas, tanto en el Penal como en las casas, que están sufriendo todo tipo de golpes, torturas y no solamente de sus parejas, sino también de las instituciones, porque cuándo denunciás estos temas, lo hacen reburocrático, te mandan a una comisaría donde te maltratan. Creo que desde la ignorancia que tenía, Yanina nunca se iba a animar a hablar, hasta que le pasó lo que le pasó", aseguró Leguizamón.


La integrante del grupo de Vecinos Organizados de Moreno, sostuvo además que Yanina pudo haber sido la víctima fatal de Fernández: "si no la mataba a Lulú, la mataba a Yanina. Hoy las compañeras que llegaron temprano se encontraron con el femicida en el pasillo de la sala, y este tipo se mataba de risa con total impunidad y encima posaba para que le saquen fotos. Eso también es violento para uno. Es todo violencia, no sabemos ya cómo reaccionar, porque si nosotras actuamos en defensa, terminamos presas. Para nosotras está todo mal, está todo al revés. De la misma manera que nos responden, nosotras también lo vamos a hacer. Ya no resistimos más, vamos a tener que reaccionar. Siempre estamos hablando con las compañeras de la comisión Vecinos Organizados de Moreno de salir a los barrios y para que empiece a salir todo a la luz. En todos lados hay justicia machista, patriarcal, violenta, perversa que nos termina condenando o fallando a favor del abusador".

El acusado como testigo

Alejandro Fernández no solo viene evitando ser acusado por los golpes que recibió Lulú y que terminaron con su vida, sino que es testigo fundamental contra Yanina en esta causa: "es un testimonio contundente para la fiscal para acusarla de abandono de persona. Él le dio la letra (a Yanina) porque, si no, le iba a matar a los hermanitos. El tipo goza de toda impunidad con complicidad de la justicia. Por eso se siente poderoso, porque el poder mismo le da esa herramienta. Él dice que Yanina descuidaba a Lulú, que era la que lo golpeaba a él. Lo mismo que dice la fiscal, que es una madre abandónica, que no la llevaba a los controles. Miente, hay pruebas: en su libreta sanitaria constan todas las vacunas al día, el DNI en regla. Porque el tipo la llevaba hasta la salita, no la dejaba salir sola en ningún momento", contó Leguizamón.

En la primera jornada, la del lunes, tras el cuarto intermedio, el tribunal rechazó el pedido de Conder para declarar nulo el juicio, y comenzó con la etapa de las testimoniales. En la segunda jornada, se vivieron algunos momentos de tensión, como cuando declaró uno de los peritos médicos propuestos por la fiscalía. Allí se mostraron fotos de la autopsia de Lulú. Según nos dijo Conder luego: "esas fotos ya estaban en el expediente. No había necesidad de mostrarlas en presencia de Yanina. Fue un momento muy desagradable". Según el perito la niña habría sido golpeada por al menos dos personas, lo que deja entrever que la fiscal podría utilizar esta declaración contra la joven.

El apoyo de otras víctimas de la justicia (el caso de Andrea Vázquez)

Entre las organizaciones y personas que pasan por situaciones similares donde la justicia se planta desde su pata patriarcal, estuvo Andrea Vázquez, que no puede ver a sus hijos por decisión de esta misma justicia. Allí, a través de Flor Ríos, nos contó por que fue al lugar: "Estoy expresando solidaridad porque esto está pasando en toda la Argentina. La justicia patriarcal nos está castigando. Nos invitan a denunciar a las mujeres violencias de género, y cuando denunciamos, nos castigan con la aberración de secuestrar a nuestros hijos para no volver a verlos nunca más. Acudí a la justicia —creyendo en la justicia— en busca de protección para mis hijos, víctimas de abuso por parte de su progenitor, y abuso hacia mi persona físico, síquico y sexual con coerción económica. Lejos de conseguir justicia, me encontré con jueces patriarcales, misóginos, que me llamaron miserable, que me decían que no tenía derecho a hablar, que el juez iba a monologar. Al encontrarme con eso, que creí que era una excepción, recurrí a la vía institucional y denuncié a esos tres jueces porque me parecía que no estaban cumpliendo con su deber. Cuando los denuncio, al principio no me llevan el apunte, secuestran a mis hijos mientras yo estaba trabajando —yo soy médica— en un operativo con policías armados y uniformados. Once personas entran en mi casa y se llevan a mi bebé de tres años y a mi hijo de 11, y al de 10, del colegio. A partir de ese momento, no volví a verlos nunca más. Me acusan de un síndrome inexistente —que ha sido declarado por la Cámara de Diputados, Senadores y la Universidad como mala praxis—: el síndrome de alienación parental (SAP). Es algo así como un lavado de cerebro que (teóricamente) hacemos las madres de los niños abusados. Es una estrategia de defensa para los pedófilos y los abusadores. Al día de hoy, los tres jueces que denuncié tienen ocho pedidos de jury y están procesados, es decir lo que yo decía tiene entidad cualitativa y cuantitativa como para haberlos procesado por unanimidad. Sin embargo, uno los jueces, la doctora Cecilia Mantegazza, se jubiló, una de las cosas que hacen cuando se encuentran apretados. Ahora entiende en la causa la jueza Estela Morano. Si yo estuviese presa cumpliendo una condena o internada en un neurosiquiátrico, mis hijos me hubiesen visto para Navidad. No veo a mis hijos desde hace tres Navidades solamente por venganza judicial. Esta jueza provee en el expediente alimentos para el señor Pablo Ghisoni (el papá de los chicos); el señor tiene catorce propiedades, es dueño de una clínica de fertilidad. La misoginia, el patriarcado y el capitalismo van de la mano. Esta es la expresión máxima de la venganza judicial", explicó Vázquez acerca de su situación personal.

En cuanto a por qué estuvo allí acompañando, dijo: "estoy acá apoyando a Yanina por las mismas razones. Son los mismos jueces, la misma familia judicial, que van a tener que entender que las mujeres tenemos derechos y que existen tratados internacionales de jerarquía supraconstitucional que están siendo violados nada más ni nada menos que por jueces, fiscales, defensores y asesores de menores".

Vázquez no pudo ocultar su tristeza por la situación que vive, pero resaltó el acompañamiento que se consigue en el vínculo con otras víctimas: "cuando uno se encuentra inmerso en alguno de estos problemas desde lo personal, asume otro tipo de compromiso, te cambia la visión de las cosas. El 26 de febrero es mi cumpleaños, es el tercer cumpleaños que voy a pasar sin ellos, pero estoy acá porque me parece más importante este tipo de luchas. Es la única forma que tengo de sobrevivir y de dejar un aporte. La sublimación es un mecanismo de defensa que algunas víctimas tenemos, lamentablemente, no todas. Pero está bueno que todo lo malo que nos pase lo utilicemos para poder ayudar o solidarizarnos con otros"





Radio La Retaguardia










Fuente: http://www.laretaguardia.com.ar/



Enlaces recomendados: 

Géneros Yanina González: un caso de violencia institucional

www.agenciaparalalibertad.org  contacto@agenciaparalalibertad.org  Teléfonos: 153-618-7620


http://www.marcha.org.ar/index.php/generos/violencias/6477-yanina-gonzalez-un-caso-de-violencia-inst



miércoles, 25 de febrero de 2015

"SEAMOS LIBRES Y LO DEMÁS NO IMPORTA NADA." JOSÉ DE SAN MARTÍN

A 237 años de su nacimiento



"Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos.La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que se esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje."

José de San Martín



Fuente: www.elhistoriador.com.ar

ORDEN GENERAL DEL 27 DE JULIO DE 1819



SAN MARTÍN, PRÓCER DE LOS DESCALZOS Por Pedro Patzer





San Martín, prócer de los descalzos

Por Pedro Patzer



La historia oficial, la que heredamos de Mitre, nos hizo creer que San Martín era un hombre de bronce, un prócer lejano. Y consagró su lucha a la inmovilidad de las estatuas y al amarillo de los manuales escolares. Correctos himnos y solemnes retratos lo hicieron santo del espada, antes que mostrarlo como un hombre rebelde: “Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajo y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ingenioso de la esclavitud” Lo conservadores vistieron a San Martín como un patriota ingenuo para ocultar su desnudez revolucionaria: “Me he consagrado ardientemente a la causa de la revolución. Ni mi salud valetudinaria, ni sacrificio alguno es capaz de arredrarme” Porque por más que insistan los solemnes señores, San Martín está ausente de los aristócratas institutos y de los aburridos museos, su espíritu está presente en la esperanza de los oprimidos, en los que sueñan la auténtica emancipación económica y cultural de la Patria Grande: “Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos” San Martín vive en las pintadas que recuerdan a Kosteki y Santillán, en las ollas populares, en los libros y canciones que hacen un puente espiritual entre las patrias chicas, obras que nos ayudan a cruzar la cordillera del pensamiento colonizado y alcanzar el otro lado: el pensamiento libertador. “En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad”

No busquen a San Martín en los cuarteles, búsquenlo en el amor del maestro que da clases en la villa: “Deseo que todos se ilustren en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres libres”. No busquen a San Martín en los nacionalistas búsquenlo en los que sueñan un continente hermanado, una Patria Grande justa, sin olvidados: “Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón” Busquen a San Martín en el espectro de Túpac Amaru, en la marcha de Guevara en la selva , en los sueños populares de Mariano Moreno, Yrigoyen y Perón, en el puño alzado de Evita, en la “canción con todos” de Tejada, en la pasión del Padre Mugica hallando al Dios del pobrerío, en la guitarra de Yupanqui, en la poesía de Discépolo y Manzi, en la pintura de Berni, en los trenes según María Elena Walsh. Escuchen a San Martín tarareando “Los Dinosaurios” de Charly García. Por favor, no se pierdan al San Martín que habita en el amor de la enfermera del hospital público, el San Martín que se puso el hombro la fábrica recuperada. No dejen de abrazar al San Martín que es el joven científico que trabaja para erradicar el chagas, o a la San Martín que pelea contra la trata de personas: “Para defender la Libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral” Hablen con el San Martín que milita en barrios carenciados, ¿Acaso San Martín no fue también Claudio "Pocho" Lepratti, aquel “ángel de la bicicleta” asesinado en la crisis del 2001 por la policía santafecina?. Abrace al sabio San Martín que jamás blandiría la espada contra un hermano “El general San Martín jamás derramará la sangre de sus compatriotas, y sólo desenvainará la espada contra los enemigos de la independencia de Sud América”. Un San Martín que jamás humillaría a su patria y mucho menos ante la ambición extranjera: “pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española: una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer..."

Acérquense al San Martín que la oligarquía del pensamiento ha tratado de escondernos, aquel que decía: “Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados” no se pierda al San Martín que arengaba a sus tropas: “La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa”. Pídale consejos al San Martín anciano que por años manejó trenes o trabajó en la mina o fue tejedora, o fue médico de pueblo, pídale al San Martín que tuvo almacén por cincuenta años que les cuente cuántas veces le fío al vecino, sin especular con las tantas tragedias económicas del país “Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sentimiento de la justicia” No crea que San Martín era hijo del diccionario de la real academia española, ya que el pueblo donde nació tiene nombre guaraní “Yapeyú” que según algunos significa: "el fruto que ha llegado a su tiempo" ¿Acaso el alma de San Martín haya sido ese fruto, eco de siglos de rebeliones que maduran en un hombre, destinado a cambiar la Historia? Yapeyú, río indígena que dio nombre al pueblo natal del libertador se parece a la sangre de este José de indios y criollos, este José de soldados y desamparados, este José de los próceres postergados de nuestra cultura: “He estado, estoy y estaré en la firme convicción de que toda la gratitud que se debe esperar de los pueblos en revolución, es solamente el que no sean ingratos” Por favor, cada vez que le vengan con las zonceras de siempre y le hagan creer que San Martín era un héroe almibarado, recuerde sus palabras: "En defensa de la patria todo es lícito menos dejarla perecer" San Martín no es un condenado a muerte en los fríos y grises monumentos, véalo al San Martín cuidando el cerro para que no lo envenene la minería o peleando para que el glifosato y la soja no hagan de la fértil tierra un inhóspito desierto. No considere a San Martín un cómodo exiliado en la Billiken, él no sólo habita las hermosas páginas de la liberación continental sino que vive en los actuales párrafos, hay un San Martín que combate al paco en los barrios, un San Martín que trabaja en los comedores comunitarios, un San Martín que a veces le cuesta llegar a fin de mes, pero jamás se lo escucha decir “este país de mierda”. “Para defender la causa de la independencia no se necesita otra cosa que orgullo nacional” .

Un San Martín que camina junto al chango que recorre doce kilómetros para ir a la escuela, hay un San Martín en el político que considera fundamental la unión Latinoamericana y no las relaciones carnales con el imperio. Hay un San Martín en el que alfabetiza porque en su corazón resuenan sus palabras: "La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos" Hay un San Martín que sigue adelante pese a todo, sin culpar al otro: “Si hay victoria en vencer al enemigo; la hay mayor cuando el hombre se vence a si mismo" Un San Martín que nos enseña:"La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien", un San Martín que halla en Bolívar un hermano con la misma vocación emancipadora, y por eso, relega su gloria personal (ante las traiciones de Rivadavia y sus muchachos pro-ingleses) y se pone a las ordenes del prócer venezolano “No hay revolución sin revolucionarios, los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos” Hay un San Martín tan lírico que se hizo protagonista de la Poesía de Neruda: “San Martín, otros Capitanes, fulguran más que tú ,llevan bordados/ sus pámpanos de sal fosforescentes ,otros hablan aun como cascadas, pero no hay uno como tu ,vestido./ De tierra y soledad, de nieve y trébol./ Te encontramos al retornar del río, te saludamos en forma agraria/ de la tucumanía florida, y en los caminos, a caballo te cruzamos/ corriendo y levantando tu vestidura, padre polvoriento./ Hoy el sol y la luna ,el viento grande maduran tu linaje/ tu sencilla composición, tu verdad era verdad de tierra/ arenoso amasijo estable como el pan, lamina fresca de greda/ y cereales... pampa pura.” un San Martín que se escapa de la hermética academia y marcha junto a los que día a día, en sus barrios, pueblos, trabajos, escuelas, hacen la Historia. “Yo no puedo ser sino un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino”


Febrero 2014




Ilustración: Ricardo Carpani





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